La Escuela de Verano de Ecología de Navarra, organizada por el Grupo de Ecología y Medio Ambiente de la Universidad Pública de Navarra (UPNA), analizó la semana pasada, en su sexta edición, la creación de paisajes resilientes. El monográfico, planteado en formato semipresencial y codirigido por los investigadores de esta institución Rosa M. Canals y David Candel, se centró en estudiar los nuevos escenarios ambientales que derivan del cambio climático y de las modificaciones de uso del suelo, y que afectan, de un modo muy perceptible, al sur de Europa.

Las ponencias “online” fueron seguidas por cerca de setenta asistentes (españoles y extranjeros) y se completaron con una salida de campo, en la que una veintena de personas pudieron visitar distintas experiencias pioneras que se llevan a cabo en territorio navarro (Aspurz, Roncesvalles y Burguete), promovidas a través de fondos europeos, regionales y particulares, y que cuentan con distintos agentes sociales implicados en su implementación y monitoreo. Entre las conclusiones del curso, titulado “Cambio global y paisajes resilientes”, destaca la de fijar población ligada a un uso sostenible de los recursos naturales como elemento clave para crear paisajes resilientes.

zoom participantes Escuela de Verano

Participantes en la Escuela de Verano, atendiendo a las explicaciones de Joxepe Irigaray Gil, alcalde de Burguete, sobre la experiencia pionera llevada a cabo en este municipio, por iniciativa del propio ayuntamiento y de los propietarios de los terrenos afectados (fotografía: Javier Peralta).

Cómo crear paisajes resilientes

“Para hacer frente al actual escenario de cambio global, ligado al cambio climático y a los cambios de usos del suelo, es necesario gestionar los hábitats para promover paisajes resilientes, adaptados a las nuevas condiciones del entorno —señala Rosa M. Canals—. Los paisajes resilientes son capaces de tolerar mejor el cambio climático, presentan una mayor biodiversidad, y son los mejores aliados para hacer frente a los grandes riesgos asociados al aumento de las temperaturas y a las sequías, como son los incendios forestales de gran intensidad o las plagas forestales, entre otros. Reducir el combustible vegetal en áreas críticas, fomentar la creación de mosaicos paisajísticos y promover distintos tipos de vegetación en áreas naturales, combinando pastos, matorrales, bosques y áreas adehesadas, debe ser la respuesta al abandono actual que sufre nuestro entorno rural en áreas desfavorecidas. Para realizar esta labor, es necesario mantener un agente conservador en el medio rural, que no debe ser otro que una población ligada al aprovechamiento sostenible de los recursos naturales. Basándose en conocimientos tradicionales y actuales y utilizando las herramientas que proporcionan las nuevas tecnologías, se puede, por ejemplo, gestionar la biomasa forestal con fines energéticos, realizando prácticas de silvicultura adaptativa u obtener productos ganaderos de alta calidad pastando en áreas críticas de alto riesgo de incendios”.

Fomentar la obtención de productos ganaderos de calidad con sistemas de producción medioambientalmente sostenibles y plantear el uso de los herbívoros como agentes conservadores del paisaje forman parte de las propuestas del proyecto europeo Open2Preserve (Modelo de Gestión Sostenible para la Preservación de Espacios Abiertos de Montaña), cuya finalidad es, “a través de un conjunto de experiencias piloto establecidas en un amplio territorio del suroeste de Europa, testar distintas combinaciones de prácticas que emulan procesos naturales y ayudan a crear paisajes resilientes”, según explica Rosa M. Canals, coordinadora del proyecto. Open2preserve, financiado con 1,7 millones de euros del Fondo Europeo de Desarrollo Regional (FEDER) a través del Programa Interreg SUDOE, tiene una duración de tres años y reúne a trece socios de tres países (España, Portugal y Francia), coordinados por el equipo de la UPNA y con participación de la sociedad pública INTIA como socio regional navarro. En las experiencias piloto establecidas, se testa un modelo de gestión basado en prácticas combinadas de quemas controladas invernales de la vegetación y un plan plurianual de herbivorismo guiado. “Hasta ahora, estas dos prácticas se realizan, pero no de forma combinada —indica la investigadora—. Existen profesionales que conocen la utilización del fuego para crear paisaje, mejorar su biodiversidad, y reducir la carga combustible, y ganaderos y pastores conocedores de sus animales, de sus necesidades de alimento y de bienestar y de su comportamiento en pastoreo. Este proyecto busca aunar los conocimientos adquiridos por los profesionales de ambos ámbitos para crear un modelo combinado de gestión”.

Los socios del proyecto europeo también buscan garantizar la viabilidad económica del modelo, porque, “si no es rentable, será difícil que sea atractivo para el sector rural y se implementen estas prácticas”. “Las soluciones innovadoras de valorización que se plantean —describe la investigadora— consisten en la obtención de productos ganaderos de alta calidad ligados a sistemas de producción que garantizan el papel medioambiental de los animales como conservadores de servicios ecosistémicos, y la creación de empresas de servicios de pastoreo, cuya función sea reducir la carga combustible en zonas críticas del paisaje para el control del riesgo de grandes incendios”.

Experiencia de pastoreo ambiental

Por su parte, Ana Belén Robles Cruz, investigadora del Grupo de Pastos y Sistemas Silvopastorales Mediterráneos en la Estación Experimental del Zaidín (CSIC) de Granada e integrante del proyecto europeo Open2Preserve, presentó la Red de áreas pasto-cortafuegos de Andalucía, una iniciativa iniciada en el año 2003 gracias al apoyo decidido de la Junta de Andalucía. La Red se inició con un pastor, 50 animales y 39 hectáreas de terreno y actualmente está constituida por 204 pastores y 115.000 animales que actúan sobre 5.800 hectáreas de 642 áreas cortafuegos andaluzas. La investigadora dio a conocer el proyecto y las ventajas de este pastoreo en la prevención de incendios forestales, poniendo el énfasis en el ahorro económico de esta práctica frente al desbroce mecánico de la vegetación en el medio plazo.