zoom Javier Arza Porras

Javier Arza Porras, investigador de la Universidad Pública de Navarra

El estudio Crisis de la COVID-19: Impacto en hogares de la comunidad gitana”, realizado durante la fase 0 de confinamiento, ha puesto de manifiesto las desigualdades preexistentes en España, también en el caso de la comunidad gitana. Según los autores del trabajo, “el impacto va más allá del plano sanitario y afecta a todas las dimensiones de la inclusión social, desde el empleo a la educación, pasando por los ingresos económicos, la satisfacción de las necesidades básicas o la discriminación”.

Coordinado por Javier Arza Porras y dirigido por Daniel La Parra —profesores e investigadores de la Universidad Pública de Navarra (UPNA) y de la Universidad de Alicante, respectivamente—, el informe ha sido desarrollado a través de una alianza en la que han participado investigadores de las universidades públicas de Navarra y Alicante y del Instituto de Salud Carlos III, así como las asociaciones gitanas UNGA (Asturias), FAGA (Comunidad Valenciana), Red Artemisa (Madrid), Gaz Kalo (Navarra), Nevipen (Vizcaya) y la Red estatal Equi-Sastipen-Rroma.

En concreto, entre el 12 de abril y el 10 de mayo de 2020 se realizó una encuesta telefónica a una muestra de 592 hogares en los que residen personas gitanas y que se encontraban en la fase 0 de confinamiento. Para poder conocer la situación en contextos diversos, las encuestas fueron realizadas en territorios con realidades políticas, sociales y económicas diferentes: Asturias, Comunidad Valenciana, Madrid, Murcia, Navarra y Vizcaya.
Los resultados del estudio reflejan el importante impacto que la pandemia ha generado en la población gitana, “que ya se encontraba afectada por distintos procesos de exclusión social y que apenas había podido recuperarse de las consecuencias generadas por la anterior crisis”.

No obstante, el coordinador del estudio subraya que “afortunadamente, los resultados de la encuesta también nos muestran factores protectores, como es la cohesión de la familia extensa, que sigue manteniéndose fuerte amortiguando así el impacto de la pandemia”. La ayuda mutua de la comunidad gitana ha servido para afrontar mejor las necesidades, las pérdidas y los daños ocasionados por esta crisis. Como complemento a este mutualismo tradicional, el asociacionismo gitano ha jugado un papel fundamental de apoyo para muchas familias gitanas durante el confinamiento.

El impacto de la pandemia en los sectores en situación de mayor vulnerabilidad de nuestra sociedad, debe poner el foco sobre la insuficiente inversión previa en vivienda social, en educación inclusiva, en empleo digno y seguro, en rentas mínimas de inserción, en atención sanitaria comunitaria, o en lucha contra la discriminación, entre otras necesidades. Por ello, las políticas en la era de la postpandemia deben incorporar una perspectiva multidimensional y un enfoque de intervención intersectorial orientado hacia la equidad. Ricardo Hernández, coordinador de Gaz Kalo, afirma que “será fundamental garantizar la participación real de la población gitana y de su sociedad civil, en el diseño, desarrollo y evaluación de todas las políticas”.

Resultados en salud y educación

En el ámbito de la salud, la incidencia de la pandemia se refleja en un empeoramiento en la autopercepción de la salud. El porcentaje de personas que consideraban su salud “mala” o “muy mala” antes de la pandemia era del 2,6%, aumentando al 17% durante el confinamiento y duplicándose el porcentaje de personas que consideran su salud “regular” (del 18,8% al 34,8%). Asimismo, ocho de cada diez personas encuestadas declaran que en su hogar ha habido durante el confinamiento algún problema de salud distinto al COVID-19. La mayoría (82%) hacen referencia a problemas de “ansiedad o depresión”, mostrando el alto impacto emocional que la situación ha generado en estos hogares. 

En relación con la educación, la mitad de los hogares con menores refieren haber encontrado dificultades para que sigan sus estudios desde casa. Varias son las brechas a las que aluden. La primera es la brecha digital, que afecta al 26% de los hogares que declaran no contar con equipamiento informático. La segunda es la brecha de transmisión de conocimiento, donde observamos que en un 18% del total de hogares se declara que los y las menores no pueden comprender los contenidos o tareas propuestas por el profesorado y, además, que en un 14% de hogares se afirma no contar entre sus miembros con alguna persona que pueda apoyar al estudiante o estudiantes en la comprensión de las tareas o de los contenidos de las materias de estudio. La tercera brecha es la escolar, donde se encuentra que un 17% de los hogares plantea como dificultad la falta de instrucciones por parte del profesorado o de los centros escolares y el 15% de la muestra refiere no tener acceso a los libros de texto y los materiales necesarios. Como señala Javier Arza, coordinador del estudio, “todas estas brechas podrían contribuir a empeorar los procesos educativos de un alumnado que, según los estudios disponibles, ya se encontraba en una grave situación de desigualdad educativa”. 

Ingresos económicos y mayor discriminación

En cuanto al ámbito del empleo, una de cada dos personas entrevistadas ha visto la actividad laboral de miembros de su hogar perjudicada de alguna forma durante el confinamiento (pérdida de empleo, imposibilidad de trabajar, ERTE). La gran mayoría (90%) señala que en su hogar ninguna persona ha podido adaptar su actividad laboral al teletrabajo. Este, desde luego, ha sido un factor que ha impactado negativamente en el empleo de los miembros de estos hogares. 

Asimismo, algo más de la mitad de los hogares han sufrido una notable reducción de sus ingresos económicos. Ha subido 20 puntos el porcentaje de hogares que afirman tener entre sus miembros una sola persona con ingresos (del 41,4% al 61,2%), así como los hogares que no tienen ningún ingreso, que aumentan 7 puntos (del 2,6% al 9,5%). Ricardo Hernández, coordinador de la Federación Gaz Kalo de asociaciones gitanas de Navarra, entidad que ha sido fundamental para el desarrollo de la encuesta en la Comunidad Foral, señala que “una de las expresiones más dramáticas de esta reducción de ingresos económicos es el incremento de dificultades para acceder a la alimentación básica”, que afecta (en mayor o menor medida) a ocho de cada diez hogares. 

Además, a la incidencia de los problemas mencionados se suma una presencia notable de la percepción de discriminación en estos hogares. Un 56% de las personas encuestadas responden que se ha incrementado la discriminación hacia la población gitana desde el inicio del estado de alarma, y un 20% señala que ella misma o algún miembro de su hogar ha experimentado discriminación de forma directa.