Las investigadoras Begoña Pérez Eransus, Lucía Martínez Virto y Víctor Sánchez Salmerón, del Departamento de Sociología y Trabajo Social de la Universidad Pública de Navarra, han analizado y comparado la necesidad de cuidados de larga duración que existen en España respecto a otra docena de países europeos. Su estudio, “El modelo español de cuidados de larga duración ante el desafío de la desigualdad”, ha sido publicado en un monográfico de la revista Prisma Social y concluye, entre otras cuestiones, que “el modelo español tiene una escasa capacidad para proveer de apoyos a las personas mayores con necesidades de cuidados”.

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De izquierda a derecha, Lucía Martínez Virto, Víctor Sánchez Salmerón y Begoña Pérez Eransus, autores del estudio

En el caso de España, la Oficina Europea de Estadística (2019) proyecta en los próximos 30 años un aumento del 13,2% de población mayor de 65 años y del 6% mayor de 80 años. Como resultado, en la ratio de dependencia en personas mayores superará en un 9,4% a la media europea.

“Los países nórdicos —indican los investigadores— no solo fueron pioneros en la búsqueda de modelos de atención en el entorno de las personas sino percibiendo el propio envejecimiento como una oportunidad de empleo y crecimiento económico”. Esta perspectiva de gestión de los cuidados, autonomía de las personas y atención en la dependencia como motor económico está tomando también fuerza en las recomendaciones europeas.

En el ámbito de los cuidados, se habla de cuidados de carácter formal para referirse a aquellos servicios profesionales o de pago recibidos en el domicilio para el cuidado personal (acostarse/levantarse, vestirse, lavarse/ducharse), para realizar las labores del hogar o recibir comida a domicilio; y de cuidados informales, cuando se obtienen por la ayuda de algún familiar, amigo o vecino que no viva en el hogar.

Poco empleo vinculado a cuidados

En España, el empleo creado en este sector (6%) está muy por debajo de la realidad de otros países europeos (8% en Francia o un 12% en los países nórdicos). Dentro de este volumen de empleo vinculado a los cuidados, más de la mitad es empleo concebido como apoyo doméstico. Pero, según se apunta en el estudio, “la realidad es que bajo esta categoría de empleo doméstico se incluyen cuidados a personas mayores que en otros países se realizan de manera cualificada por proveedores de servicios residenciales o comunitarios, por lo que este nicho de empleo no solo está lejos en términos cuantitativos respecto a otros países, sino también en términos cualitativos”. Consecuencia de ello es que “la mayor parte de la población española recurre a la contratación de servicios residenciales de elevado precio o a la adquisición de servicio doméstico en el domicilio”.

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Gráfico. Población mayor de 65 años con nivel de necesidades medio-alto y tipo de cuidado recibido, por países.

Se da la circunstancia de que en España los sectores de población con bajos ingresos acceden a los recursos formales de cuidados en el hogar en mayor proporción que aquellos con ingresos intermedios, debido al carácter focalizado del sistema público de cuidados. Por su parte, los sectores de población con recursos económicos elevados podrían estar accediendo a cuidados formales en mayor proporción que otros estratos inferiores, puesto que disfrutan de más capacidad para acceder a cuidados procedentes del mercado privado. “En consecuencia, los apoyos informales podrían ser más frecuentes en sectores con menos ingresos, como estrategia para proveer de más intensidad de cuidado a estos hogares”.

Paradójicamente, los investigadores apuntan que es esperable que todavía exista un volumen importante de necesidades de cuidados desatendidas en todos los niveles de ingresos, pero especialmente en aquellos hogares de ingresos intermedios, en tanto que superan los criterios de elegibilidad del sistema de cuidados público y no tienen la suficiente capacidad económica para acceder a ellos a través del mercado privado. De este modo, “el sistema de cuidados de larga duración en España se distancia del de aquellos países más avanzados en materia de protección de su entorno, donde los sistemas de cuidados de carácter universal podrían resultar más favorables para los intereses de los sectores con menos recursos”.

Comparativa europea

Esta investigación ha tomado como base la encuesta de Salud, Envejecimiento y Jubilación en Europa (SHARE, por sus siglas en inglés), que recaba información sobre población mayor de 50 años en 27 países europeos e Israel. En concreto, se han empleado los datos publicados en junio de 2020 (resultados de 76.520 entrevistas realizadas en 2017) y se ha realizado la comparación de España, Austria, Alemania, Suecia, Italia, Francia, Dinamarca, Grecia, Bélgica, Portugal, Luxemburgo y Finlandia, lo que supone 24.159 casos.

Según esos datos, países como Francia (67,7%), Bélgica (65,1%), Dinamarca (65,1%) y Suecia (60,4%) prestan apoyos de carácter formal al menos a seis de cada diez personas que tienen un nivel alto de limitaciones para realizar actividades básicas e instrumentales diarias. Esto son de 20 puntos porcentuales por encima del caso de España, donde cuatro de cada diez personas acceden a este tipo de cuidados.

Además, en España un 43,7% de las personas mayores de 65 años con altas limitaciones no reciben ninguna atención (porcentajes similares se registran en Grecia (41,9%) e Italia (45,6%), mientras que otro 15,5% solo recibe atención por parte de alguna persona conviviente o allegada que no reside en el domicilio.

Por otro lado, el acceso al sistema de cuidados de larga duración en España está por debajo del de los países más avanzados de su entorno para toda la población, independientemente de su nivel de ingresos. Mientras en Alemania, Francia o Bélgica se brinda más ayuda a los sectores con menos recursos económicos y esta decrece conforme aumentan los ingresos, en España “los apoyos formales son sensiblemente menos frecuentes en aquellos hogares con ingresos medios-bajos”.

Finalmente, el estudio apunta que “España todavía se ubica lejos de otros países de su entorno en la creación de empleos en el sector cuidados” y que “a pesar de que en España se ha atribuido a las familias un papel central en la provisión de cuidados, en muchos casos este apoyo no llega a materializarse”.