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Miércoles 1 de junio de 2016 [Publicaciones]

La mitad de los escolares navarros ha visto “alguna vez” abusos de los compañeros en el centro educativo

Un libro, coescrito por un profesor de la UPNA, analiza el “bullying” y los métodos para atajar el acoso, que afecta hasta al 20% de los adolescentes

zoomTeodoro Hernández de Frutos, en la presentación del libro en la Universidad Pública de Navarra

Teodoro Hernández de Frutos, en la presentación del libro en la Universidad Pública de Navarra

La mitad de los escolares navarros ha visto “alguna vez” abusos de los compañeros en el centro educativo, hechos ante los que 32% de los chicos le ha dado igual frente al 15% de las estudiantes. Estos son algunos de los datos recogidos en el libro “Investigación sobre la delincuencia y el ‘bullying’ escolar en España: teoría, evolución y tendencias”, escrito por los profesores Teodoro Hernández de Frutos (Universidad Pública de Navarra) y Mary Brigid O’Reilly (Universidad de Navarra), que acaba de leer su tesis doctoral en la UPNA. La obra incluye también diferentes métodos para atajar este problema.

En este libro, publicado por la editorial valenciana Tirant Humanidades, se recogen diversas investigaciones sobre el “bullying” escolar desde que, en el año 2000, un grupo de profesores de la Universidad Pública de Navarra propusieran un estudio para analizar este fenómeno emergente. Estas investigaciones han sido publicadas y difundidas en libros, revistas y cursos de verano y han sido citadas a nivel internacional. En el libro se aborda la influencia que diferentes variables tienen sobre los acosadores (individuales y grupales) y las víctimas (individuales y grupales). Se analizan también los diferentes métodos que pueden ser aplicados por instituciones educativas.

El “bullying” o acoso escolar se caracteriza por “ataques o intimidación físicos, verbales o psicológicos, que están destinados a causar miedo, dolor o daño a la víctima; un abuso de poder en una relación asimétrica, desde el más fuerte al más débil; ausencia de provocación por parte de la víctima; o repetidos incidentes entre los mismos chicos o jóvenes a través de un prolongado y sostenido periodo de tiempo”, tal como describe Teodoro Hernández de Frutos, profesor del Departamento de Sociología de la UPNA. Según el Defensor del Pueblo, ese acoso incluye varias categorías: el maltrato físico, el verbal, el relacional (ignorar a alguien o no dejarle participar en actividades) y el mixto (físico y verbal).

En España, afecta, “en su versión moderada, al 20% de la población adolescente y, en su versión intensa, al 3%”, apunta Hernández. En el caso de Navarra, tal como recoge el libro, las investigaciones sobre el acoso escolar indican que, como observadores, la mitad de los escolares ha visto “alguna vez” casos de rechazo y de abuso entre iguales. El 8,9% de los chicos y el 13,8% de las chicas se han sentido “mal sin saber qué hacer”. Reírse de un igual, insultarle, ponerle motes o meterse físicamente son las principales maneras de acosar y la mitad de las agresiones las cometen estudiantes de la misma clase y en grupo (sobre todo, formado por estudiantes varones).

En el polo opuesto, en Navarra, el 2,2% de los chicos y el 1,4% de las chicas ha ejercido violencia “más de cuatro veces”; y el 3,8% de ellos y el 0,3% de ellas, “casi todos los días”. El 13% de los alumnos y el 8,6% de las alumnas les han animado a seguir, mientras que la mitad “no hacía nada”. Las razones declaradas por las que los estudiantes se convierten en agresores son, para alrededor del 25%, porque les “habían provocado” y, para otros tantos, por “gastar una broma”.

Sin parangón con la delincuencia de los adultos

Para los autores, este tipo de “conducta desviada no tiene unas características similares a las que originan la delincuencia en el mundo adulto”. “Normalmente, se trata de un problema relacional, de socialización, que se manifiesta de una manera incontrolada”, afirma Hernández de Frutos. Esto ocurre en la adolescencia, cuando “lo mejor valorado por el alumnado es, precisamente, la relación que establecen con sus compañeros”.

Además, “la relación con los iguales y el ser aceptado son aspectos cruciales para el desarrollo social, cognitivo y emocional del ser humano”. “Si un adolescente es rechazado habitualmente y no interacciona con sus compañeros, se verá privado de las relaciones interpersonales, así como del apoyo que proporciona el grupo de iguales, pudiendo llegar a manifestar en un futuro problemas de adaptación social”, según Mary Brigid O’Reilly.

La obra analiza diversos factores que inciden en este problema, como la familia (“una de las variables que inciden en el comportamiento violento de los hijos son los padres con un estilo autoritario, una disciplina errática, un rechazo en las relaciones de afecto y una baja implicación emocional con ellos”), el centro escolar (“el fracaso escolar explica la agresividad”) o el género y la edad (“hay mayor violencia de chicos frente a chicas y un aumento de esta hasta llegar a un pico que se sitúa en torno a los 14 años, a partir de los cuales desciende progresivamente”).

Modelos para luchar contra el acoso

La obra recoge modelos de intervención para luchar contra este problema. Así, se cita el propuesto por el psicólogo Dan Olweus en Suecia, que actúa en tres frentes (escuela, aula y personas) y requiere de la implicación seria de los adultos. Por su parte, el desarrollado por la Universidad de Sheffield (Reino Unido) está basado en la puesta en marcha de una política global antiviolencia en el centro educativo, que obliga a implicarse a todos (alumnos, profesores, padres e instancias oficiales). Incluye la creación de un código de conducta sobre abusos entre iguales, el trabajo directo con alumnado en conflicto o la mejora de las condiciones de supervisión del recreo.

La Universidad de Turku, en Finlandia, diseñó en 2007 el modelo Kiva (juego de palabras que significa “guay” en finés), aplicado con éxito en el país nórdico, pues, tras un año de implantación, se redujo en un 79% los casos de acoso. Exportado a una decena de países (incluido España), este método actúa con los estudiantes espectadores y testigos e incluye un amplio paquete de actividades en dos ámbitos: preventivo y de intervención.

Finalmente, existen métodos disuasorios que permiten a los centros atajar en momentos puntuales el problema, entre los que se incluyen el desarrollado por el profesor Anatole Pikas en Suecia en 1989; el de no inculpación, de la Universidad de West of England (Bristol, Reino Unido), o el de círculos de calidad, también de la Universidad de Sheffield.