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Martes 10 de diciembre de 2013 [Institucional]

El Comité Internacional de Cruz Roja, Premio Brunet 2013 de la UPNA por su "meritoria labor humanitaria" durante 150 años

El jurado destaca que esta organización contribuye con su trabajo a “la construcción de un mundo más humano, justo y solidario”

Documentación adicional:

 
zoomJoaquín Mencos, a la izquierda, y Alejandro Torres.

Joaquín Mencos, a la izquierda, y Alejandro Torres.

El jurado del Premio Internacional Jaime Brunet a la Promoción de los Derechos Humanos de la Universidad Pública de Navarra ha decidido conceder el galardón de 2013 al Comité Internacional de Cruz Roja por su “meritoria labor humanitaria, independiente, neutral e imparcial” de protección de las víctimas en conflictos armados durante 150 años. El premio está dotado con 36.000 euros.

El nombre de la institución galardonada se ha dado a conocer este martes, 10 de diciembre, Día Internacional de los Derechos Humanos, en un acto en el que han estado presentes Joaquín Mencos Doussinague, presidente del jurado y vicepresidente de la Fundación Brunet, y de uno de los miembros del jurado, el catedrático de Derecho Constitucional de la UPNA, Alejandro Torres Gutiérrez.

El Comité Internacional de Cruz Roja es una organización neutral e independiente creada en 1863 que se esfuerza por prestar protección y asistencia humanitarias a las víctimas de los conflictos armados y de otras situaciones de violencia. Está regido por el Derecho suizo y tiene personalidad jurídica internacional, lo cual la distingue de las ONGs y le acerca a las organizaciones intergubernamentales.

El jurado del Premio Internacional destaca en el fallo que el Comité Internacional de Cruz Roja ha contribuido a “la construcción de un mundo más humano, solidario y justo” a través de las diferentes acciones que ha desarrollado en sus 150 años de historia. En este sentido, el fallo cita su promoción del respeto al Derecho Internacional Humanitario, reflejado en los Convenios de Ginebra y sus Protocolos Adicionales, y el impulso de acuerdos de prohibición de uso, fabricación y almacenamiento de minas antipersonales y bombas de racimo, así como de la creación del Tribunal Penal Internacional.

Por otra parte, el jurado pone de relieve que el Comité Internacional de Cruz Roja visita a las personas detenidas en situaciones de violencia “velando por su respeto a de su dignidad y humanidad”. Al respecto, también destaca que esta organización trabaja por el respeto a la población civil; se encarga de restablecer el contacto entre las víctimas de conflictos bélicos y sus familias; posibilita la liberación de personas detenidas; y apoya la erradicación de los niños soldado.


Asistencia a víctimas


El Comité Internacional de Cruz Roja fue fundado en 1863 como consecuencia de las inquietudes generadas en la época por el libro “Recuerdos de Solferino”, obra de Henry Dunant. En este libro cuenta sus experiencias al verse atrapado por el frente de la batalla en la ciudad de Solferino (Italia) en la guerra Franco-Prusiana. Con la ayuda voluntaria de la población de lugar, se logró dar cuidados médicos básicos a los combatientes heridos de ambos bandos. Henry Dunant proponía la creación de sociedades nacionales de socorro en tiempos de paz basadas en el voluntariado y que se encargarían de asistir a las víctimas de conflictos bélicos.

La acción del Comité Internacional de Cruz Roja se fundamenta en los Convenios de Ginebra de 1949 y sus Protocolos adicionales. Tiene asignada la misión de “guardián” del Derecho Internacional Humanitario en los conflictos armados y situaciones de violencia. En el caso de que las partes en conflicto no cumplan sus obligaciones, está legitimado para intervenir de forma independiente, imparcial y neutral.

Su labor se desarrolla a través de una asistencia a las víctimas, visitas a las personas detenidas o mediante la protección a la población civil. En este sentido, Cruz Roja vela porque las autoridades y otros grupos respeten el derecho a la vida y a la unidad familiar, y a que no se discrimine el acceso a la asistencia sanitaria, agua potable o tierras agrícolas. Uno de las tareas más difíciles que desarrolla esta organización es tratar de dar con el paradero de personas desaparecidas y restablecer el contacto entre los miembros de una misma familia.


La Fundación y el Premio Jaime Brunet


La Fundación Jaime Brunet es una fundación cultural privada, de interés social y carácter permanente, cuyos fines son el fomento del respeto a la dignidad humana, a las libertades fundamentales y a los derechos humanos, así como la erradicación de situaciones y tratos inhumanos o degradantes. La Fundación promociona actividades dirigidas a tal objeto y estudios relacionados con el respeto a tales valores.

En concreto, y entre otras actividades, convoca el premio Jaime Brunet Romero con el fin de distinguir bien un trabajo científico; bien un trabajo literario o audiovisual; bien una trayectoria de una persona o institución que haya destacado en la promoción de los derechos humanos. En total, la fundación ha concedido desde 1998 catorce Premios Internacionales Jaime Brunet.

Jaime Brunet Romero nació en Bayona (Francia) el 20 de julio de 1926 y falleció el 4 de enero de 1992 en San Sebastián (Guipúzcoa). Nacido en el seno de una familia de emprendedores catalanes que se había asentado en el siglo XVIII en Guipúzcoa (donde desarrollaron una importante actividad industrial), fue educado con un talante liberal y crítico con la época que le tocó vivir. Fue encaminado a la carrera de Derecho por su padre, Jaime Brunet Goitia, jefe local del partido republicano que llegó a ser teniente de alcalde del Ayuntamiento de San Sebastián, donde ya habían ocupado la alcaldía su abuelo y bisabuelo. Cursó sus estudios en la Universidad de Valladolid, en la que ejerció por un tiempo como profesor ayudante.

Su afición destacada por la lectura se acompañó por el interés de aprender idiomas, con los que pudo desenvolverse con facilidad en sus numerosos viajes, que le llevaron, a pesar de las dificultades de su tiempo, a recorrer más de treinta países. En estos viajes, según confesaba, captó y comprendió cuánta discriminación y violencia, cuánto abuso de los poderosos sobre los débiles existen aún en nuestro siglo, y con qué facilidad se conculcan diariamente los derechos más elementales de la persona humana.
En los últimos años de su vida, su sensibilidad por la situación de los derechos humanos y la defensa de la libertad del ciudadano (también ante los abusos de la Administración pública) se convirtieron en su constante preocupación. Al no tener descendencia directa, y movido por sus sentimientos que le rebelaban contra las actuaciones injustas, decidió legar su fortuna para crear a su fallecimiento la fundación que, con su nombre, se dedicara a divulgar los derechos humanos y a premiar a quienes, por su trabajo en defensa de ellos, se hicieran merecedores de este reconocimiento. De este modo, se creó la Fundación Jaime Brunet Romero, con residencia en la Universidad Pública de Navarra, según su voluntad testamentaria.