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Friday, November 3, 2017

Weekly Tip INARBE: Microcrédito: ¿panacea o ilusión?

Autor: Ariadna García Prado y Samikshya Siwakoti

"Esto no es caridad. Esto es un negocio. Un negocio con un objetivo social: ayudar a la gente a salir de la pobreza” afirmó Muhammad Yunus en el Congreso Mundial de la Salud que tuvo lugar en Washington DC, en 2005. Yunus, fundador del Banco Grameen y Premio Nobel de la Paz en el año 2006 por sus esfuerzos para incentivar el desarrollo social y económico desde abajo, fue el primero en poner en práctica el concepto de microcrédito en contextos de pobreza. El microcrédito es un pequeño préstamo que se otorga a personas que viven en pobreza y que, de otro modo, no accederían a los mercados financieros. Se basa principalmente en la concesión de un préstamo individual pero con responsabilidad grupal, siguiendo una política de reembolsos frecuente y a corto plazo, priorizando a las mujeres, y acercando el producto a la comunidad. En plena actualidad, cuenta con más de más de 200 millones de clientes en el mundo y sigue siendo  celebrado y vilipendiado como herramienta para el desarrollo. ¿De verdad funciona dar microcréditos a los pobres para  que funden pequeñas empresas que les permitan salir de la pobreza? ¿Es el microcrédito la panacea para salir de la pobreza o solo una ilusión?

Si entendemos desarrollo como la expansión de la libertad del ser humano y de sus capacidades, tal y como lo definió Amartya Sen en su libro “Development as freedom”, entonces, se puede afirmar que el microcrédito, en tanto en cuanto expande la libertad de aquellos en pobreza, puede ser un instrumento para el desarrollo. Por ejemplo, el microcrédito, puede permitir que una mujer cree una pequeña empresa, y que, en consecuencia, comience a tomar más decisiones, no solo financieras sino también en su hogar. Pero, también es cierto que  si el microcrédito se solicita únicamente para destinarlo al consumo en vez de invertirlo en algo productivo, será difícil devolverlo y eventualmente se puede llegar a caer en trampa de la deuda y de la pobreza.

Algunas de las críticas más duras contra el microcrédito se han centrado en la “comercialización” de la idea original de Yunus. Este es el caso del Banco Compartamos en México, que inicialmente siguió los principios sociales de Grameen Bank para luego desviarse y comenzar a cobrar tipos de interés de hasta el 195%, en un claro abuso de la posición desfavorable de los prestatarios. Yunus y otros expertos en desarrollo han mostrado su desaprobación hacia tales prácticas, promoviendo la implementación ética del microcrédito así como el emprendimiento como solución a la pobreza. En esta línea, se crea en 2011 la Fundación Yunus Social Business que está expandiendo este concepto no solo en países en desarrollo sino también en los países desarrollados, como por ejemplo Estados Unidos y Australia, entre otros.

Investigaciones recientes lideradas por el Instituto Tecnológico de Massachusetts (y en concreto el laboratorio de investigación de impacto J-PAL) han estudiado la efectividad de los microcréditos a través de evaluaciones de impacto rigurosas realizadas en varios países del mundo, desde México hasta La India (Barnerjee et al 2015). Los resultados muestran que aquellos que usan el microcrédito obtienen éxito con más frecuencia cuando expanden un pequeño negocio que cuando lo inician. Además, ganan en libertad de elección en cuanto a patrones de consumo, inversión y gestión del riesgo. Ninguno de los estudios, sin embargo, encuentra impactos significativos en el ingreso medio del prestatario (con incrementos moderados), ni tampoco aumentos en la escolarización de los niños, y solo en uno de los estudios el impacto en el  empoderamiento de las mujeres es significativo. Parece ser que ni el microcrédito causa el daño que se le atribuye en algunos casos, ni tampoco es la receta milagrosa que saca de la pobreza.       

A pesar de esto, el microcrédito sigue desempeñando un papel valioso en entornos de acceso financiero limitado. Para mejorar su funcionamiento se necesita reforzar la protección del cliente, y/o cambiar algunas de las condiciones de los microcréditos. Reembolsos menos frecuentes, por ejemplo, pueden promover una mayor apertura de negocios, y mayores beneficios e ingresos a medio plazo, aún cuando el negocio sea deficitario en un principio, tal y como se ha visto en La India (Field et al 2013). Otra alternativa es diversificar los productos y servicios financieros: mejorar el acceso al ahorro y los seguros ha demostrado tener impactos más fuertes que simplemente dar crédito (Karlan et al 2017). Sin embargo, es importante tener claro que el problema de la pobreza es muy complejo y el microcrédito no es la única herramienta para luchar contra ella. De hecho, los especialistas en desarrollo cada vez son más conscientes de que para combatir la pobreza se necesitan diversas estrategias coordinadas y enfoques multisectoriales. El microcrédito, aún sin ser la panacea, puede ser una de las estrategias que, en coordinación con otras, consiga aliviar la pobreza.

 

Referencias

Barnerjee, A., Duflo, E., Zinman, D. 2015. “Six Randomized Evaluations of Microcredit: Introduction and Further steps”. American Economic Journal: Applied Economics 7(1):1-21.

Field, Erica, Rohini Pande, John Papp, and Natalia Rigol. 2013. “Does the Classic Microfinance Model Discourage Entrepreneurship Among the Poor? Experimental Evidence from India.”

Karlan, D., Savonitto, B., Thuysbaert, B. and Udry, C.2017. Impact of saving groups on the lives of the poor. PNAS 114(12):3079-3084.

Sen, A. 2001. “Development as freedom”. Oxford University Press. PNAS 114(12):3079-3084.



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