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Friday, October 5, 2018

Weekly Tip INARBE: La curva de aprendizaje y la industria nuclear española

Por Mar Rubio

Este año se cumple medio siglo de la puesta en funcionamiento de la primera central nuclear que se construyó en España, la de “José Cabrera”, más conocida por el nombre de la localidad en que se ubicó, Zorita (Guadalajara). Desde su inauguración en diciembre de 1968 y hasta comienzos de 2006, esta planta abasteció de electricidad a Madrid y su hinterland. El cese de la actividad ha implicado su desmantelamiento y exigido la gestión de sus residuos, completándose así todas las fases comprendidas en la vida útil de una instalación energética de estas características y que se espera que concluyan en 2019.

 

De parte nuestras investigaciones (aquí o aquí) se desprende que construir centrales nucleares o desarrollar el ciclo integral del uranio configuraban un reto económico, empresarial, tecnológico y financiero de dimensiones al alcance de muy pocos países a mediados del siglo XX. De hecho, sólo 33 países del mundo han construido y conectado alguna vez una central nuclear. Que tuviese lugar en España no deja de ser sorprendente. En apenas veinte años un país relativamente atrasado del sur de Europa logró producir electricidad de origen nuclear casi al mismo tiempo que lo hicieron Alemania, Suiza, Italia o Japón. Nuestro equipo de investigación ha reconstruido (aquí) algunas piezas del proceso de aprendizaje internacional de los protagonistas de una historia que incluye a científicos, ingenieros y empresarios en un país tan atípico en el contexto occidental como era la España de los años 1950s y 1960s.

 

Zorita fue pionera, de principio a fin, de una experiencia científica e industrial singular de lo que se denomina learning by doing. Como concepto de la teoría económica, learning by doing implica el aumento de la productividad que se produce al perfeccionar los procesos sin factores o inversiones adicionales. Para la historia empresarial, learning by doing es uno de los procesos mediante los cuales las empresas, los mercados y los países abordan la incertidumbre y la existencia de información imperfecta y asimétrica. ¿Cómo consiguen las empresas, los mercados y los países pasar de una tecnología experimental a crear un nuevo sector industrial? ¿Cómo informan sus procesos de toma de decisiones frente a variables desconocidas? En el sector nuclear, se ha establecido que "los proyectos llave en mano” pueden considerarse como una inversión para obtener información a través de 'aprender haciendo' en un esfuerzo por capturar rentas de los reactores construidos posteriormente.

 

Como hemos desvelado (aquí), Zorita fue de hecho el primer proyecto comercial de una central nuclear llave en mano que exportado desde los Estados Unidos (país que dominó el mercado mundial de reactores hasta casi final de siglo). De igual manera, España fue el primer país del mundo en importar y conectar exitosamente un reactor construido bajo esa fórmula contractual. Aunque en realidad deberíamos hablar de empresas en lugar de países: la multinacional Westinghouse estrenó sus exportaciones de proyectos nucleares llave en mano con la venta Zorita a Unión Eléctrica Madrileña, una de las grandes eléctricas españolas de la época (hoy integrada en Naturgy). 

 

Zorita fue una experiencia de aprendizaje para todas las partes involucradas en muchos aspectos, incluidos algunos que perdurarían. El contacto de las eléctricas españolas con los líderes nucleares en Europa y los Estados Unidos y el generoso financiamiento de la banca pública y privada estadounidense tuvieron continuidad en las décadas siguientes. Los procesos de aprendizaje para ingenieros técnicos y managers se intensificaron. De hecho, Tecnatom,  la firma de servicios de ingeniería española creada inicialmente para gestionar el proyecto Zorita, desarrolló su propia tecnología de simuladores de entrenamiento y es hoy una de las empresas de vanguardia en el sector. La experiencia de Zorita ayudó con la creación de protocolos logísticos de suministro de componentes. El ciclo de uranio que se ideó para Zorita, en un momento en que la legislación no tenía previsto que pudiera exportarse uranio enriquecido desde los Estados Unidos en contratos a largo plazo, se convirtió en el estándar para la industria española, y después para la de otros países. Además, las empresas españolas involucradas en el proyecto atómico se vieron obligadas a actualizar y mejorar sus procesos y estándares de calidad a un nivel adecuado para cumplir con las normas de fabricación nucleares de los Estados Unidos. Alrededor de Zorita surgió el clúster industrial nuclear español.

 

Al otro lado del Atlántico, el proyecto Zorita ayudó a los estadounidenses a comprender cómo abordar las intervenciones y requisitos de las autoridades españolas. Al mismo tiempo, la curva de aprendizaje y las mejoras técnicas permitieron un mejor desempeño para las empresas estadounidenses en otros países, aunque el proceso de aprendizaje de la industria funcionó mejor en proyectos pequeños como Zorita que en proyectos mayores. Esto es así porque una tecnología construida in situ, como la energía nuclear, tiene menores tasas de aprendizaje y una mayor variabilidad de costes que las tecnologías fabricadas en masa. En suma, con la construcción de la primera planta atómica española, las empresas a ambos lados del Atlántico adquirieron y perfeccionaron las capacidades específicas necesarias para construir un reactor nuclear comercial.



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