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Thursday, September 21, 2017

Weekly Tip ISC: LA IMPORTANCIA DE LA RESILIENCIA Y LA PLANIFICACIÓN DE EVACUACIÓN EN LA CONSTRUCCIÓN DE CIUDADES INTELIGENTES.

por Pablo Álvarez Indave

Cada vez estamos más acostumbrado a escuchar noticias que hablan de Smart Cities, Internet of Things, Big Data, o análisis de datos. Ya no nos parece tan extraño leer en el periódico que cierta ciudad ha instalado sensores en las farolas para captar el volumen y las emisiones de tráfico, o que el Ayuntamiento de esta otra ciudad ha colocado contenedores inteligentes que ayudan al usuario a reciclar a la vez que, interconectados a un sistema informático, permiten al Ayuntamiento optimizar en tiempo real la ruta que el camión de la basura debe seguir dependiendo de cómo de llenos estén los contenedores en las diferentes zonas de la ciudad.

Nuestras ciudades se están volviendo inteligentes, facilitándonos nuestro día a día, haciéndonos más fácil viajar al trabajo en transporte público o encontrar aparcamiento, o permitiéndonos monitorizar los niveles de ruido, contaminantes e incluso felicidad que hay en los diferentes barrios. Sin embargo, complementando al concepto de ciudad inteligente hay un término menos conocido pero que últimamente está tomando mayor relevancia debido a desastres naturales como, por ejemplo, los huracanes Harvey e Irma que entre agosto y septiembre de 2017 devastaron áreas del Caribe, Florida, Texas y Luisiana causando un total de más de 160 víctimas mortales, pérdidas materiales por valor de más de 150.000 millones de dólares, y decenas de miles de evacuados. Hablamos del concepto de “resiliencia” y “ciudad resiliente”.

Según la Real Academia Española, la resiliencia es la capacidad humana de asumir con flexibilidad situaciones límite y sobreponerse a ellas. Según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OECD) una ciudad resiliente es aquella que está preparada para absorber posibles amenazas futuras y recuperarse de ellas, ya sean económicas, ambientales, sociales o institucionales. Cuando hablamos de resiliencia, nos referimos también a seguridad y a supervivencia, necesidades humanas fundamentales y básicas según Maslow y su pirámide.

Por lo tanto, una ciudad inteligente debe ser resiliente. Puede ser muy útil disponer de miles de sensores que monitorizan el tráfico en tiempo real, pero de nada sirve si esta tecnología no está preparada para indicarte qué ruta debes usar en caso de una evacuación de urgencia.  O podemos disponer de sensores y herramientas que predigan el consumo energético de los edificios, pero que no estén preparadas para estimar la probabilidad de que las lluvias de los próximos días inunden el vecindario y obliguen a una evacuación del lugar.

Hace aproximadamente un mes tuvo lugar la Global City Teams Challenge Expo, en Washington. Ahí, la Directora de Tecnología de Washington D.C., Archana Vemulapalli, ante las consecuencias del huracán Harvey, dijo que la seguridad pública debe estar por encima de cualquier decisión. Señaló que el huracán Harvey “nos ha hecho preguntarnos si estamos usando la tecnología de la forma en que deberíamos”. Es decir, tal vez deberíamos bajar unos escalones en la pirámide de Maslow, y usar la tecnología para, en primer lugar o al menos de forma paralela, crear comunidades seguras y resilientes.

Por desgracia, los escenarios de emergencia producidos por los huracanes Harvey e Irma no son una excepción. Hace unos pocos días centenares de personas murieron y muchas otras quedaron atrapadas debido al terremoto producido en México. En 2016, varios incendios en Haifa (Israel) causaron la evacuación de unas 80.000 personas. El terremoto de Ecuador de 2016 dejó más de 620 muertos, y el accidente en la presa de Oroville, en California supuso la evacuación de 200.000 habitantes de la zona.

Cuando se construye una ciudad resiliente, la planificación de las evacuaciones es algo crucial para lo cual las herramientas propias de una Smart City pueden servir de gran ayuda. Si no se cuenta con una planificación de evacuación eficiente y actualizable en tiempo real, pueden surgir problemas. Ante el huracán Harvey, por ejemplo, las autoridades de la ciudad de Houston decidieron no evacuar a sus más de 2 millones de habitantes. La prensa se hizo eco de muchas críticas ante tal decisión. Sin embargo, de haberse producido una evacuación de urgencia, seguramente el número de muertos habría aumentado. Y es que, lo mismo ocurrió durante el huracán Rita en 2005, cuando miles de personas que intentaban evacuar Houston quedaron atrapadas en las carreteras que estaban inundabas. Por desgracia, decenas de ellas murieron al quedar las rutas de evacuación bloqueadas.

Carreteras Houston
Estado de las carreteras en Houston tras el huracán Harvey, izquierda, (2017) y Rita, derecha, (2005). (Fuente: Josh Johnson y Stephanie Gosk)

Actualmente existen modelos por ordenador (normalmente microsimulación basada en agentes) que pueden simular segundo a segundo cómo se llevaría a cabo una evacuación en caso de emergencia. Estos modelos, que normalmente se utilizan para dar soporte al diseño de estadios de fútbol, estaciones de tren, aeropuertos o rascacielos, permiten predecir el comportamiento de la gente en caso de evacuación (qué rutas utilizarán), y pueden servir para simular diferentes estrategias de cara a planificar una evacuación eficiente (diseñar pasillos más anchos, instalar más salidas de emergencia, etc.). Actualmente, también se está investigando sobre la creación de modelos de evacuación a gran escala para aplicarlos a la evacuación de ciudades. Estos modelos de evacuación se alimentan de diferentes inputs, como por ejemplo planos de la ciudad incluyendo altimetrías, zonas transitables o cortadas al tráfico, información sobre el número de habitantes de cada casa o tramo de calle, datos sobre el tráfico en cada calle, y pronóstico del avance de la inundación o del humo en caso de un incendio, entre muchos otros. Por desgracia, uno de los principales problemas en este campo es conseguir inputs correctos para que los modelos sean válidos. No obstante, la tecnología presente en las Smart Cities hará que muy pronto sea posible conseguir datos válidos para actualizar en tiempo real estos modelos de evacuación, sabiendo en todo momento el tráfico que hay en cada punto de la ciudad, la ocupación de los diferentes edificios, y el estado de las carreteras y puentes que pueden servir de vía de escape. Con esto, se podría conseguir una planificación de evacuación en tiempo real, en la que en todo momento las autoridades (y las personas) supiesen cuál sería la mejor forma de actuar: cerrar ciertas calles, indicar que no se evacue, agilizar la evacuación, etc.

Pero no hace falta irse hasta América o hablar de huracanes para ver la importancia que esto tiene para nuestros pueblos y ciudades. Actualmente, el Ayuntamiento de Sangüesa está trabajando en la redacción del Plan de Evacuación de Sangüesa (por inundaciones y posible rotura de la presa de Yesa), apoyándose en modelos de evacuación y en sensores instalados en los ríos que, en tiempo real, pueden llegar a predecir cuándo se dará una inundación. Mediante una aplicación informática, las autoridades sabrán en todo momento qué medidas activar dependiendo de las condiciones en ese momento. Esta metodología también podría ser útil en las fiestas de San Fermín o en otros eventos similares (festivales de música o eventos deportivos). Por ejemplo, mediante sensores que de forma anónima estimen el número de personas que están en un lugar determinado e incluso los flujos en los alrededores (matrices Origen-Destino) conectados a un software de modelización, se podría llegar a estimar la probabilidad de ocurrencia de situaciones críticas como áreas con alta densidad de personas u otras con riesgo de avalanchas humanas, incluso antes de que ocurran. Esto permitiría a las autoridades poner los medios necesarios (limitar el acceso, cortar ciertas calles…) para asegurar la seguridad de los habitantes y evitar llegar a una situación de emergencia.

ISC 2
Modelo de evacuación de la localidad de Sangüesa (Navarra) ante una rotura en la presa de Yesa, mostrando densidad de personas en las diferentes calles (izquierda), y una avalancha humana en la principal ruta de evacuación causada por coches obstaculizando (derecha) (Fuente: Álvarez et al, 2015)

Hoy en día, cuando hablamos de Smart Cities, solemos pensar en ciudades que nos faciliten nuestro día a día. Sin embargo, una ciudad inteligente también tiene que ser resiliente y estar preparada para actuar ante posibles emergencias y, en la medida de lo posible, evitarlas. Tenemos la tecnología necesaria para poder construir ciudades más resilientes y seguras. Sin embargo, invertir en seguridad no siempre vende ni da votos porque no es algo que impacte directamente en el día a día de los habitantes a menos que ocurra algo y, por suerte, no todos los días nuestras ciudades se enfrentan a emergencias de estas magnitudes. Pero es cierto que, hoy en día, ante las amenazas que sufren nuestras ciudades, ya sean climáticas, sísmicas o terroristas, la resiliencia es uno de los pilares fundamentales sobre el que asentar la construcción de una ciudad inteligente. Tal vez nos deberíamos plantear si, realmente, estamos usando la tecnología para crear Smart Cities en la forma en que deberíamos.

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