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9 de marzo de 2006
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Mercedes Bengoechea Bartolomé. |
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"Una educación no sexista es fundamental: hay que evitar
la mentalidad que ha creado al maltratador desde la escuela y desde los
medios de comunicación. El lenguaje es una institución humana,
reflejo intrínseco de la sociedad y su sistema patriarcal que se
creó durante siglos".
Así lo ha señalado Mercedes Bengoechea Bartolomé,
sociolingüista y Decana de la Facultad de Filosofía y letras
de la Universidad de Alcalá, durante la conferencia que ha impartido
en la Universidad Pública de Navarra sobre el sexismo en el lenguaje
de los medios de comunicación y que se enmarca en los actos de
conmemoración del Día de la Mujer Trabajadora. Mercedes
Bengoechea ha centrado su investigación en las relaciones entre
el lenguaje y el género, en la perspectiva social, ideológica
y sociolingüística de los discrusos orales y escritos, es
autora y editora de diversas publicaciones y desde 1994 forma parte de
NOMBRA, Comisión Asesora del Lenguaje del Instituto de la Mujer.
"Los académicos no quieren creer que la ley del género
es una ley básica del español" señala Bengoechea.
El argumento que emplean para descalificar esta feminización del
lenguaje y para justificar el uso del masculino genérico es la
economía del lenguaje, "pero esa no es la única
función del género gramatical masculino. Tiene otras funciones
en una sociedad patriarcal: crear en la mente la imagen de la insignificancia
femenina, que los hombres sean los propietarios de los cargos, de la representación
de los grupos, como los musulmanes, los indígenas...",
agrega Bengoechea. "La íntima relación entre ideologÍa,
poder y lenguaje nos la han desvelado todos los filósofos que han
analizado la filosofía del lenguaje".
Sexismo en los medios de comunicación
De su estudio para el Instituto de la Mujer en 2000 sobre el sexismo en
la prensa (ABC, El País, El Mundo y La Vanguardia), Mercedes Bengoechea
concluyó que éste comienza por la ausencia femenina. Sólo
el 30% de las personas que aparecían en las noticias eran mujeres.
En las páginas de política, nacional e internacional, su
presencia descendía al 11%, se reducía todavía más
en la sección de economía, y aumentaba en famosos, arte
y sociedad, por la presencia de artistas, cantantes, etc.
Estos datos no reflejan una mejora con respecto a un estudio similar realizado
en los años 80, en el que se detectó una presencia femenina
del 8% en la sección de política de la prensa española.
El uso del masculino plural que esconde la presencia femenina es otro
modo de hacer invisibles a las mujeres, añade. "Nuestra
presencia estaría escondida en 'los nacionalistas', 'los estudiantes',
'los socialistas', y esto forma parte del problema de la ausencia. Hay
que ir cambiando esto poco a poco" aconseja la sociolingüista.
"Otra cuestión que podría mejorarse es que hay mujeres
que aparecen en la prensa pero que no se les menciona, por ejemplo en
una foto en la que aparecen hombres y mujeres, y se dice quiénes
son ellos solamente, esto no es infrecuente", señala Bengoechea.
Parentesco y colores de ropa
"El principal problema es la ausencia, pero cómo se las menciona
sigue siendo discriminatorio" prosigue la experta en lengua y
género. "Así, expresiones coloquiales como 'la Sampietro',
'la Paredes' o 'la Robinson' para designar a personalidades como presidentas
de un país, ministras o presidentas de la Academia de Cine, sólo
se utilizan para las mujeres, nunca he visto 'el Solana'. O el uso del
nombre de pila es muy frecuente para cargos políticos como en el
caso de Esperanza (Aguirre), cuando a Gallardón nunca se le llamó
Alberto". En el caso de los hombres, contrasta, sólo son
mencionados por el nombre de pila si son delincuentes. "Los manuales
de estilo desaconsejan estos usos, pero lo más sorprendente es
que ocurra en medios que se preocupan especialmente por el empleo del
lenguaje, como El País o ABC".
Otra de las maneras de discriminación es que en las apariciones
de mujeres en los medios se recalcan de manera injustificada sus relaciones
de parentesco. Así, en el 25% de los casos se señala que
son madres, esposas, abuelas, etc., cuando en realidad aparecen por cuestiones
que nada tienen que ver. "Por ejemplo, al hablar de Elena Beloki,
detenida por su pertenencia a ETA, nos decían que había
sido novia de Iosu Ternera, hermana de otro terrorista, etc. Esto no ocurriría
en el caso de presentar una noticia sobre un hombre".
Se citan los colores de ropa de las ministras, o cómo van vestidas,
como una forma de control, cuando esto nunca se hace con los ministros,
y lo asumimos como algo normal. "Es más peligroso aún
cuando hacemos referencias al físico al hablar de víctimas
del acoso o de la violencia sexual, o de prostitutas, ya que las estamos
mirando desde un punto de vista superior" advierte la sociolingüista.
Sexismo en la Real Academia de la Lengua
Cabe agregar que Mercedes Bengoechea llevó a cabo un estudio sobre
la 21ª edición del diccionario de la Real Academia Española
(RAE) para determinar su sexismo. Era un informe encargado por el Instituto
de la Mujer y que, a pesar de que abrió todos los telediarios un
día de septiembre de 1994, fue enviado a la Academia y no obtuvo
respuesta. En 1995, por encargo del Instituto Nacional de Empleo, Bengoechea
participó en la elaboración de una guía de títulos
profesionales que determinaba los femeninos. "La RAE se negaba
a reconocerlos, con la excusa de que no hay profesión en femenino.
Así descubrimos que la ausencia de estos términos hacía
que las mujeres que ejercían una determinada profesión cobraran
menos, o se les considerase aprendizas, ya que por abajo nunca hay problemas
para la feminización, solo son los altos cargos los que cuesta
feminizar" apunta Bengoechea.
"El sexismo de la Academia es increíble. Ni a Emilia Pardo
Bazán ni a María Moliner les dejaron entrar en la Academia
porque era una sociedad de varones. Su sistema es muy parecido al del
colegio cardenalicio, no preguntan a la sociedad ni es democrático,
alguien de la propia Academia debe presentar una candidatura y entre ellos
se votan. Les falta conectar con el pueblo y afrontar una democratización
interna" afirma Mercedes Bengoechea. "No es admisible
que se atrevan a no reconocer el término género no como
sexo, sino como comportamiento y expectativas asociadas a un sexo, cuando
todo un Gobierno apuesta por una ley por la igualdad de género,
y se emplea el término en muchos estudios de lengua, medicina,
etc.". Además, la lingüista comenta que "no
reconocen el matrimonio homosexual, cuando ellos sólo deberían
incluir la palabra en el diccionario, no decirnos cómo tenemos
que entender la sociedad. La RAE debe conectar con el sentir mayoritario".
Según Bengoechea, desde la citada institución muestran "una
tremenda falta de sensibilidad hacia los problemas de las mujeres, y para
que reconozcamos su autoridad tienen que demostrarnos lo contrario".
Y pone como ejemplo de sexismo las acepciones que el diccionario de 2001
de la Academia da para palabras como alcalde/alcaldesa. huérfano,
gozar...
Signos de cambio y optimismo
A pesar de todo, Bengoechea se muestra optimista y afirma que la discriminación
en el lenguaje va siendo cada vez menos frecuente. "Hemos aprendido
a usar la lengua de forma sexista y es muy difícil de cambiar,
tampoco vamos a desmontar el edificio del símbolo gramatical, pero
se está empezando a desmoronar, por parte de hombres y mujeres,
porque queremos una sociedad en la que exista la igualdad".
Así, cada vez son más frecuentes gestos como incluir la
arroba, las barras, el empleo de la diferenciación entre hombres
y mujeres.... Hace años se decía que una mujer era un miembro
de un tribunal, y "en 10 años, hemos pasado a decir soy
una miembro; hay una tendencia en la lengua oral a feminizar, y ésta
trae muchos cambios en el lenguaje", señala Bengoechea.
Y aunque estos cambios son una constante en todos los textos, "la
noción de género, tal y como nos la han transmitido, no
va a ser transmitida a las generaciones futuras" concluye la
experta.
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