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El
padre marianista Cecilio de Lora y la hermana dominica de la Presentación
Carolina Agudelo Arango , Premio Jaime Brunet
2002 a la Promoción de Derechos Humanos
El padre marianista Cecilio de Lora y la hermana dominica de la Presentación
Carolina Agudelo Arango recibirán el premio Jaime Brunet 2002
El Jurado del Premio Internacional Jaime Brunet 2002 a la promoción
de los Derechos Humanos ha acordado otorgar el premio al padre Cecilio
de Lora, marianista, y a la hermana Carolina María Agudelo Arango,
dominica de la Presentación, por su trayectoria personal desarrollada
en Colombia.
El Jurado al otorgar el premio a estas candidaturas avaladas por distintas
instituciones y entidades colombianas y navarras, quiere destacar la labor
de muchas personas que, tanto en Colombia como en otras sociedades presididas
por la violencia se han comprometido con la defensa de los Derechos Humanos
y dan testimonio del valor de la vida y la dignidad de la persona, denunciando
las situaciones de marginación, miseria e injusticia. El jurado
realiza con ello un acto de justicia social que pueda servir de ejemplo
para los que se comprometen con la causa de la vida, los pobres y los
desarraigados.
El fallo ha sido adoptado por el jurado formado según las previsiones
testamentarias del Sr. Brunet. Lo preside Angel Torío López,
catedrático de la Universidad de Valladolid; y son vocales Alberto
Pérez Calvo, catedrático de Derecho Constitucional de la
Universidad Pública de Navarra; Rafael Unceta Morales, Decano del
Colegio Notarial de Pamplona; Javier Caballero Martínez, Decano
del Colegio de Abogados de Pamplona; Patricio Hernández Pérez,
catedrático de Literatura Española de la Universidad Pública
de Navarra y que actúa como Secretario; Maite Litago Huarte, alumna
de 4º curso de la Licenciatura de Derecho de la Universidad Pública
de Navarra, por tener el mejor expediente académico de esta titulación;
y Fernando Armendáriz Arbizu, representante por la Delegación
Española de Amnistía Internacional.
Perfil de los galardonados
El padre Cecilio de Lora, nacido en 1929 en Larache, entonces protectorado
español de Marruecos, es religioso desde 1946 y ordenado sacerdote
en 1957. Desde que en 1965 se trasladó a Colombia ha llevado a
cabo una labor de compromiso con los más necesitados y despreciados
de la sociedad, así como en defensa de los derechos humanos en
ese país. Desde su llegada a esa tierra supo entender la peculiar
situación de Colombia para intervenir en favor de los pobres, de
los desplazados y de los sin techo, y supo elevar su voz para hacer caer
en la cuenta a la sociedad de nuestro tiempo de la necesidad de respetar
los derechos de los débiles, de los más marginados y desprotegidos
de la sociedad.
Ha trabajado incansablemente en la educación en el barrio Kennedy
de Girardot, con los campesinos en Risaldalda y con las poblaciones negras
en el Chocó, creando nuevos idearios de convivencia social y alternativas
de modelos económicos. Igualmente ha dejado oír su voz de
protesta ante la violencia existente en el país, defendiendo a
quienes injustamente son tildados de guerrilleros por trabajar por los
débiles y los que carecen de voz, en una muestra de claro compromiso
por la dignidad del hombre y la mujer de nuestro tiempo, asumiendo incluso
el riesgo de perder su propia vida. Su trayectoria le ha llevado a ser
considerado una persona apreciada e indiscutida en todos los estamentos
políticos, religiosos y sociales, en general, de Colombia. Dado
su dinamismo, y a pesar de su edad, recientemente ha sido trasladado a
Ecuador para ampliar, aún si cabe más, el radio de su acción
social.
Igualmente, el jurado ha querido reconocer la labor desempeñada
en Colombia por la hermana Carolina María Agudelo Arango, nacida
en el Departamento de Antioquia, en la República de Colombia en
1941. Se incorporó a la vida religiosa a los 20 años con
la idea de contribuir con ello a la solución de los problemas de
los demás. Comenzó su trayectoria social en los cinturones
de miseria de Medellín, dedicándose al tratamiento de conflictos
y a la orientación de jóvenes que, con gran facilidad, optan
por las armas en "grupos de pandillas", contribuyendo también
a la reorientación educativa del profesorado, a fin de que los
estudiantes abandonen las conductas agresivas y se inicien procesos de
mejora de calidad de vida, que eviten la desintegración social.
A partir de 1994, atendiendo al requerimiento del entonces Obispo de Apartadó,
Monseñor Duarte, asesinado posteriormente por grupos violentos
de su país, asume el desafío de contribuir a la recuperación
psicosocial de viudas y huérfanos víctimas de la violencia
en Urabá, denunciando con valentía y coraje las situaciones
de injusticia, atropello, violencia y muerte. Trata de generar en los
jóvenes una reflexión permanente sobre las situaciones de
violencia que atraviesan y el derecho que tienen a unas condiciones de
vida dignas, oxigenando y catalizando el dolor de mujeres y niños
por la pérdida de sus compañeros, padres, hijos y hermanos,
transmitiéndoles que la vida sigue para los vivos, siendo necesario
encontrar fortalezas personales y nuevas alternativas para continuar en
un trabajo que pretende y logra que la violencia, a pesar de la muerte,
no genere odio ni venganza. El presente año 2002, el número
de mujeres viudas atendidas por los programas impulsados por la hermana
Carolina María alcanza la cifra de 1.650, y el número de
huérfanos supera los 5.000.
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