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Lunes 27 de noviembre de 2006 [Cursos y Conferencias]

"Por su gran diversidad genética, el ganado de lidia debería ser considerado como raza de razas"

En un estudio de ADN en 1.800 reses de 79 ganaderías se han encontrado restos de uros italianos y españoles, y de bovinos de Centroeuropa y Sáhara oriental

zoomLuis Francisco Esplá en la Universidad Pública de Navarra

Luis Francisco Esplá en la Universidad Pública de Navarra

"Por su gran diversidad genética, el ganado de lidia debería ser considerado como raza de razas", a juicio de Julio Fernández, veterinario de la Unión de Criadores de Toro de Lidia, quien ha presentado hoy las conclusiones de un estudio sobre ganaderías y encastes elaborado a partir del ADN de 79 ganaderías. El informe se ha dado a conocer en el marco de las V Jornadas sobre Ganado de Lidia que se han celebrado este fin de semana en la Universidad Pública de Navarra, organizadas por su Escuela Técnica Superior de Ingenieros Agrónomos. En la última sesión intervino Luis Francisco Esplá, que habló de "Las personalidades del torero".

En cuanto al citado estudio de ganaderías y encastes utilizando marcadores de ADN, se ha realizado entre los años 1997 y 2005 por la Cátedra de Genética de la Facultad de Veterinaria de la Universidad Complutense de Madrid y la Unión de Criadores de Toros de Lidia. En él se han analizado más de 1.800 animales de 79 ganaderías distintas sobre ADN que han ayudado a detallar cuál es el origen del toro de lidia.

Entre sus conclusiones, el estudio recoge que "hoy gracias al análisis del ADN se puede saber con mucha probabilidad cuál es el encaste de origen, e incluso la ganadería a la que pertenece", en palabras de Julio Fernández.

Restos también en Atapuerca

El informe contempla la presencia de dos eventos de domesticación de este tipo de ganadería, uno situado en Oriente Próximo y otro en África del Norte. En concreto, se han encontrado restos de ADN de bovinos que proceden de Centroeuropa y de Sáhara Oriental. "Además se ha observado en ganado de lidia restos de ADN procedentes de uros italianos y españoles, animales salvajes con cuernos y sin joroba que dieron lugar al vacuno actual, y que se extinguieron en el siglo XVII en las selvas de Polonia. Estos uros coinciden con los restos arqueológicos de la Península Ibérica encontrados en la zona de Atapuerca (Burgos), con una antigüedad de 3.700 años, y con restos de uro italiano, de entre 19.000 y 9.000 años".

El estudio ha ratificado también que la bravura actual del ganado de lidia responde a un atributo heredado de la fiereza primitiva de las primeras especies de este ganado bovino.

En palabras de este experto, "los ganaderos de lidia han creado la raza a partir de ganado que ha dado lugar a otras razas en España durante más de 250 años utilizando técnicas genéticas empíricas, como la selección, el cruzamiento, o la endogamia, y que han hecho de la raza de lidia un gran experimento genético que ha permitido una explosión de familias o de encastes en serio peligro de extinción en muchos casos".

El triple de distancia genética

Además, se ha comprobado que dentro de la raza de lidia la distancia genética entre encastes es por término medio casi el triple de la que hay entre cualquier pareja de razas del vacuno europeo. "Si comparamos al azar dos parejas de raza de vacuno europeo, como puede ser la vaca frisona de leche con la raza charolesa de carne, con la distancia genética de dos encastes de ganado de lidia cogidos al azar, se comprueba que esa diferencia es tres veces mayor en el segundo caso, lo que nos hace pensar que el ganado de lidia debería ser considerado como raza de razas por su gran diversidad genética entre ganaderías y encastes".

Hoy gracias al análisis del ADN se puede saber con mucha probabilidad cuál es el encaste de origen, e incluso la ganadería a la que pertenece. Este veterinario considera además que "existe bastante coincidencia entre los resultados de ADN y los conocimientos históricos que se tienen de este ganado bovino".

Los forcados portugueses

Las V Jornadas sobre el Ganado de Lidia han contado también con la intervención de Joaquín Grave Murteira, veterinario y ganadero de reses bravas en Portugal, quien ha participado hoy en una mesa redonda sobre el papel de las tauromaquias populares.

En el marco de estas Jornadas, Grave Muteira hizo un repaso sobre el origen y la tradición de esta suerte de lidia en su país. "Puede que a la corrida de forcados portugueses le falte la emoción de las corridas españolas, porque allí los toros van embolados en los cuernos, aunque también es cierto que se le puede considerar como la lucha más leal y franca que exista en un ruedo entre el hombre y el toro".

Los forcados son una suerte de lidia exclusiva de Portugal y desconocida en buena parte del mundo taurino. El animal no muere y es el rejoneador quien se encarga de lidiar al animal antes de dar paso a los "forcados", en el momento final del espectáculo taurino. "Son ocho hombres, uno más destacado, quienes caminan hacia el toro en fila indiana. El primero de ellos es el que, a cuerpo limpio, cita al toro. La faena consiste en que, al aproximarse, se coge al toro con las manos por los cuernos, se le encona. Lo que se conoce popularmente como la "pega" consiste en la acción de coger al toro, que sólo se consuma cuando el animal queda paralizado. La misión de los otros siete forcados es la de colaborar en frenar al animal una vez ha quedado asido y encajado".

El nombre de "forcado", en castellano "horcado", atiende a la horca o utensilio alargado y con gancho que utilizaban como instrumento los primitivos forcados para sujetar al animal e impedir que se escapara de la plaza. "Dicen que el nombre viene de la evolución de los alabarderos, encargados de custodiar las plazas para que no salieran los toros. Primitivamente, se mataba a los toros con una escopeta y luego se evolucionó al uso de la "forca". El origen de esta tradición taurina responde también al uso del ganado bravo en tareas de labranza, lo que obligaba a que los labradores más jóvenes sujetaran con grandes "forquillas" (horquillas) al animal para que se sometiera a su trabajo en el campo. Ahora la "forca" se sigue mostrando en el ruedo sólo como instrumento de adorno, pero su función con el ganado desapareció, lo que ha supuesto una evolución importantísima del arte del forcado en los ruedos taurinos portugueses".

Para este experto taurino, "a la corrida portuguesa le falta emoción porque el toro se presenta embolado por los cuernos. No es el peligro ni la emoción constante que puede generar una lidia en España, porque no existe el riesgo del toro que se exhibe en puntas. Es en el momento de la "pega" durante el cual el público se entrega más al ruedo y cuando crece la emoción. En Portugal pegar es coger y el público siente que es una lucha más leal y franca entre el hombre y el torero, quien se enfrenta a él sin ningún tipo de defensa, más de igual a igual. Fuera de Portugal no se entiende. Es un deporte arriesgado y espectacular que responde a la idiosincrasia de un pueblo marcado por su situación geográfica, que nunca pudo huir por mar y que se vio en la obligación de hacer frente al enemigo desde tiempos de los bárbaros".