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Lunes 27 de noviembre de 2006 [Cursos y Conferencias]

"El debate que suscita la Ley de la Memoria Histórica debería conducir al reconocimiento de la responsabilidad de quienes se alzaron contra la República""

Así lo afirmó Pere Gabriel Sirvent, Catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad Autónoma de Barcelona, durante el curso de otoño sobre la II República española que organiza la Universidad Pública de Navarra

zoomEl Prof. Pere Gabriel Sirvent en Pamplona

El Prof. Pere Gabriel Sirvent en Pamplona

Creo que uno de los problemas actuales, si el debate se centra en la cuestión de la Guerra Civil, es que hemos de evitar el relativismo. Si nos movemos en el genérico del significado de la guerra, hay atrocidades en todos los bandos que participan; el problema no es ése, porque en eso estaríamos todos de acuerdo. El problema es determinar las responsabilidades de los que han provocado la guerra". En este caso, el español, "los responsables fueron los que se alzaron contra la legitimidad de la República. Y si no se hace este esfuerzo, entonces caemos en ese relativismo y en esta idea tan genérica".

Así lo señala Pere Gabriel Sirvent, Catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad Autónoma de Barcelona, que ha participado en el curso sobre la II República organizado por la Universidad Pública de Navarra con la colaboración del Parlamento de Navarra y la Fundación Jaime Brunet, y dirigido por Alberto Pérez Calvo, Catedrático de Derecho Constitucional, y Ángel García-Sanz Marcotegui, Profesor Titular de Historia Contemporánea, ambos profesores de la Universidad. Durante la citada sesión, titulada "Recuerdo y Memoria de la República. Símbolos y referencias", el citado experto sumó su voz al debate actual sobre la Ley de la Memoria Histórica.

En sentido, ha comentado que comparte las críticas que formulado a esta Ley la organización Amnistía Internacional. El experto intentó dar una explicación al hecho de que la Ley no propicie un debate acerca de las responsabilidades de la Guerra Civil. "No sé hasta qué punto la situación política actual española permite asumir esas responsabilidades. Si el debate sólo se mueve en ese terreno, no deja de ser una cierta trampa, una escapatoria para no asumir el problema de afirmar la responsabilidad de los que se alzaron contra la República, y que el Estado lo reconozca".

El Prof. Gabriel Sirvent planteó la hipótesis de que la complejidad de la situación política española, en la que conviven unos sectores políticos "que tienen precisamente la tradición politica y cultural de uno de los bandos de la guerra", podría ser la razón que limita este reconocimiento. "Está claro que la situación política por ahí se rompería, si se intenta ir a un reconocimiento explícito de las responsabilidades: de hecho es significativo que a un determinado partido le cueste muchísimo condenar el franquismo", señaló.

La parte positiva de la Ley es para el citado experto el hecho de que haya planteado la discusión. "Aunque creo que el juego mediático está favoreciendo que ésta se centre en el tema de la Guerra Civil, dejando de lado las aportaciones de la cultura republicana. Esta Ley tiende a situar las cosas en un terreno que no facilita la recuperación de aquellas aportaciones porque no escapa al debate estricto sobre la Guerra Civil; no consigue ir más allá de la tesis de si unos mataron a otros o no", apuntó Sirvent.

El recuerdo de la República

A pesar de que la discusión de la propia entidad del hecho republicano y la problemática del final de ambas repúblicas marcan unas limitaciones, Pere Gabriel Sirvent insiste en la idea de que los sectores republicanos tienen una voluntad de mantener el recuerdo de la República e intentar construir una cultura global republicana a lo largo del tiempo. "Esta cultura republicana implica una serie de valores de ciudadanía, de libertad, de democracia en el sentido literal de la palabra: de afirmación de la presencia popular en el juego político y social frente a esquemas más oligárquicos". El experto recalca el papel de "una de las grandes culturas políticas que existe en España y que entra en discusión y en tensión con la otra gran cultura, que es la católica eclesial, e intenta aportar una cultura política nacional española".

El Prof. Gabriel Sirvent plantea que el recuerdo de la cultura republicana ha sido muy limitado porque tanto la primera como la segunda contaron con elementos "muy fácilmente criticables", y que sus propios protagonistas "tendieron a criticar". En este sentido se dan ciertas semejanzas entre ambas. "Son tipos de república que no vienen de un hecho o de una movilización revolucionaria, sino que son un producto del agotamiento del régimen anterior, y no el fruto de una acción republicana revolucionaria que se impone". Otra de estas cuestiones comunes a ambas repúblicas es que se dan en ellas "elementos no republicanos que forman parte de las nuevas repúblicas", y esto, según Sirvent, "complica la discusión acerca del régimen y la propia memoria de la República, y contempla personajes que de tradición no eran republicanos". Por último, las dos terminan con sendos golpes de estado. "En un primer caso, con algunos problemas de sangre, pero en el segundo, con una guerra civil", apuntó Pere Gabriel Sirvent.

El experto agrega que el recuerdo de las dos repúblicas es muy criticado también por su falta de firmeza ante los traidores. "Se critica la ingenuidad de unos republicanos que no se atreven a denunciar a los no republicanos y que admiten dentro de su propio cuerpo a los traidores o a los contrarios en este caso, muy en especial, a la parte del Ejército que se levanta contra la República".

Por todo esto, el Prof. Gabriel Sirvent señaló que "ha sido difícil mantener una verdadera fe en la cultura republicana incluso en el exilio, porque excepto algún pequeño y esforzado grupo de partidarios de la República, las otras tendencias políticas han sido muy críticas en el desarrollo de la primera y de la segunda República, sobre las consecuencias que ha tenido, si se hizo bien o se hizo mal, etc.".

"Deberíamos ser capaces de asumir entre todos, con su complejidad y limitaciones, el 11 de febrero de 1873 y el 14 de abril de 1931 como fechas clave, ya que ambas son significativas", concluye. "Sería útil asumir o discutir de manera racional todo el conjunto de la tradición republicana", más que un debate "excesivamente constreñido al problema del exilio del 39 y de la represión franquista contra los republicanos".