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Lunes 27 de noviembre de 2006 [Cultura]

Una de las obras maestras del cine de terror "Al final de la escalera", esta semana en el ciclo de Cine de la A a la Z que organiza la Universidad Pública de Navarra

La película se proyectará en doble sesión, mañana martes, presentada por Patxi Benavent y el miércoles, en los cines Saide Olite de Pamplona

"Al final de la escalera" (Peter Medak, 1979) una de las mejores películas de terror de todos los tiempos, es el título del filme que esta semana se puede ver dentro del ciclo "El Cine de la A a la Z" que organiza la Universidad Pública de Navarra. Las proyecciones tendrán lugar en los Cines Saide Olite, mañana martes, 28 de noviembre, a las 20 horas, en V. O. subtitulada, en formato cine-fórum y presentada por el crítico Patxi Benavent y el miércoles 29 a las 22.30 horas. Las entradas se pueden adquirir en las taquillas del cine Saide Olite y en la sección de Actividades Culturales de la Universidad Pública de Navarra.

El cine de la A a la Z quiere ser un punto de referencia para el amante del buen cine. Se trata de una propuesta cinematográfica de obras históricas en la historia del cine, la mayoría en versión original con subtítulos en castellano y presentadas por un elenco de críticos de cine que consiguen acercar cada martes las claves de cada filme. Además las sesiones de los martes, además de ofrecer una presentación previa, contarán con un debate al finalizar la proyección con el formato de cine-forum. Este coloquio será moderado por los críticos-presentadores de cada película, los cuales han participado este año en la selección de películas.

La película

Una noche, el compositor John Russell se despierta bañado en sudor como consecuencia de una pesadilla, y vuelve a oír el extraño ruido procedente de una de las habitaciones del piso de arriba. Desde la terrible muerte de su familia, John ha estado viviendo en esa casa solitaria a la que se trasladó con la esperanza de recuperar la paz interior, pero paz es algo que no ha hallado, pues en numerosas ocasiones ha creído ver el cadáver de un joven. Cuando empieza a creer que ha perdido el juicio, registra la casa y descubre una entrada secreta a un antiguo cuarto infantil olvidado desde hace mucho, donde encuentra una silla de ruedas y una caja de música. John siente que allí ha sucedido algo terrible e intenta establecer contacto a través de un médium. La siniestra sesión de espiritismo revela que un espantoso crimen ha quedado sin vengar.

Lección magistral de buen cine, nada que ver con los fuegos artificiales de los films de terror al uso que inundaron de sangre, hachazos y máscaras de hockey, la década de los 80. Con Al final de la escalera no sirve taparse los ojos, porque su terror profundo y visceral no radica en los planos de sangre a raudales, sino en las sombras y el silencio, en las notas de una canción de cuna, en los susurros, en el tempo sostenido de un suspense y una inquietud que no conceden tregua y, sobre todo, en un espectro que clama venganza desde el cuarto secreto del ático de una casa victoriana, bellísima e inquietante, digna heredera de la espeluznante Hill House que mostrara Robert Wise (The Haunting, 1963). Como en ésta última, la silueta de ese caserón lujoso y decadente acecha, espera al protagonista, envuelta en sus secretos, y los planos subjetivos con que se atisba a John Russell y a Claire desde algún punto en el tejado, a su llegada, hablan por sí solos de una presencia sobrenatural.

Sin llegar al extremo de sutileza de su antecesora, Al final de la escalera es el ejemplo a seguir sobre la regla de oro del terror de mostrar poco para garantizar así el impacto. Una pelotita roja y blanca que cae, peldaño a peldaño, por una escalera hasta detenerse, brillante por el agua, delante de un aterrado George C. Scott: esta escena es una de las más terroríficas y recordadas del cine de terror. A esta célebre escena hay que añadir dos planos de terror en estado puro del fantasma -siempre relacionados con agua, detalle subliminal que enlaza directamente con el crimen "dormido" -, y la enloquecida huida de Claire perseguida por una silla de ruedas vacía que provocaba un festival de alaridos. Ya no se grita así en el cine; se ha perdido el sentido del miedo más íntimo, aquel que se lleva consigo a la cama y mantiene despierto, con un rostro infantil clavado en la retina o el leve y espeluznante susurro "Mi nombre es Joseph Carmichael" con que culmina la sesión de espiritismo en los oídos. Al final de la escalera es casi como el canto del cisne del film de casa encantada, ya nunca igualado, no digamos superado.

La ficha técnica del filme es la siguiente: Director: Peter Medak. Guión: William Gray y Diana Maddox, según un relato de Russell Hunter. Producción: Garth H. Drabinsky y Joel B. Michaels para Chessman Park Prod., Tiberius Film Prod. Música: Rick Wilkins. Fotografía: John Coquillon. Montaje: Lilla Pedersen / Intérpretes: George C. Scott (John Russell), Trish Van Devere (Claire), Melvyn Douglas (senador Carmichael), Jean Marsh (Joanna Russell), John Colicos (De Witt), Barry Morse (parapsicólogo), Madeleine Sherwood, Helen Burns, Frances Hyland, Ruth Springford... Nacionalidad y año: Canadá 1979. Duración: 109 min.