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Miércoles 25 de septiembre de 2013 [Investigacion]

Un estudio realizado con nonagenarios demuestra los beneficios del entrenamiento de fuerza como ejercicio físico

Los resultados, publicados en la revista Age, confirman que el entrenamiento de potencia es perfectamente aplicable en ancianos con fragilidad

zoomParticipante en el estudio durante uno de los entrenamientos

Participante en el estudio durante uno de los entrenamientos

Tras realizar un entrenamiento específico durante 12 semanas, personas mayores de 90 años mejoraron su fuerza, potencia y masa muscular, lo que se reflejó en un aumento de la velocidad al caminar, mayor habilidad para levantarse de la silla, mejora del equilibrio, reducción significativa de la incidencia de caídas y mejora significativa de la potencia y masa muscular en las extremidades inferiores. Estos son algunos de los resultados del estudio recientemente publicado en la revista Age de la Sociedad Americana de Envejecimiento y que ha sido dirigido por el catedrático de Fisioterapia de la Universidad Pública de Navarra Mikel Izquierdo Redín. Junto a él han trabajado los investigadores Eduardo L. Cadore, Fabricio Zambom-Ferraresi, Nora Millor y Marisol Gómez (UPNA); Álvaro Casas (Hospital de Navarra), Fernando Idoate (Clínica San Miguel) y Leocadio Rodríguez-Mañas (Hospital de Getafe).

En la investigación participaron 24 personas de entre 91 y 96 años, once de ellas en el grupo experimental y 13 en el de control. Dos días a la semana, durante 12 semanas, realizaron entrenamiento multicomponente: un programa de diferentes ejercicios, diseñado específicamente para ellos, que combinaba el entrenamiento de fuerza y ejercicios para la mejora del equilibrio. Según explica Mikel Izquierdo, “el entrenamiento mejoró la capacidad funcional, la reducción del riesgo de caídas y potencia muscular. Además de los importantes incrementos en la capacidad física de los ancianos frágiles, el estudio ha demostrado que el entrenamiento de potencia es perfectamente aplicable en ancianos con fragilidad”.

Con el envejecimiento, la capacidad funcional del sistema neuromuscular, cardiovascular y respiratorio comienza a disminuir de forma progresiva, lo que conlleva un riesgo aumentado de fragilidad. La inactividad física es uno de los factores fundamentales que contribuye a la pérdida de masa muscular y capacidad funcional, aspecto central de la fragilidad.

Desde un punto de vista práctico —recuerda el profesor Izquierdo—, los resultados del estudio sugieren la importancia de implementar programas de ejercicio en este tipo de pacientes, ejercicios para desarrollar la fuerza muscular, el equilibrio y la marcha”. En su opinión, “sería beneficioso aplicar este tipo de ejercicios en ancianos vulnerables con el fin de prevenir el impacto del envejecimiento, mejorar su bienestar y facilitar su adaptación a la sociedad en que viven.”.

El trabajo de investigación del que se ha hecho eco la Sociedad Americana de Envejecimiento lleva por título “Multicomponent exercices including muscle power training enhance muscle mass, power output and functional outcomes in instituzionalized frail nonagenarians” (Un programa de ejercicio multicomponente que incluya el entrenamiento de la potencia muscular mejora la masa muscular y la capacidad funcional en nonagenarios frágiles institucionalizados).