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Viernes 27 de enero de 2006 [Otras]

"La sociedad actual obliga a algo impensable en los siglos XVIII y XIX, a filtrar la información"

Así lo manifiesta Inmaculada Urzainqui Miqueleiz, Directora del Instituto Feijoo de Estudios del Siglo XVIII

Inmaculada Urzainqui Miqueleiz

Inmaculada Urzainqui Miqueleiz

"En la actualidad, la sociedad de la información obliga a algo que para los hombres y mujeres de los siglos XVIII y XIX era impensable, y es la exigencia de tener que seleccionar, filtrar y cribar la información. Sólo con Internet hay un trabajo ímprobo, porque suministra muchísima información y hay que averiguar de dónde viene, de dónde sale, mientras que, hasta hace unas décadas, siempre sabíamos cuáles eran las fuentes de las que se servían los historiadores, de dónde venía cada cosa y en qué archivo se podía encontrar".

De este modo se expresa la Directora del Instituto Feijoo de Estudios del Siglo XVIII y titular del Departamento de Filología Hispánica de la Universidad de Oviedo, Inmaculada Urzainqui Miqueleiz. La directora del Instituto Feijoo se ha desplazado a Pamplona para formar parte del tribunal de una tesis doctoral de su área, en la Universidad Pública de Navarra. Inmaculada Urzainqui Miqueleiz (Garde, 1947) se licenció en Filología Hispánica por la Universidad de Oviedo (1970), centro en el que trabaja desde hace 36 años. Además, desde 1995 es directora del Instituto Feijoo de Estudios del Siglo XVIII, cargo en el que espera que próximamente le releven ya que, "después de 11 años, considero que es necesario y positivo que entren otras personas con otros proyectos".

El Instituto Feijoo es un centro de investigación multidisciplinar sobre el citado siglo en el ámbito español e iberoamericano dependiente de la Universidad de Oviedo. Actualmente lo integran 13 investigadores titulares de las Universidades de Oviedo, Autónoma de Madrid, Valencia y Bochum (Alemania), y cuenta además con 260 miembros asociados de las más diversas nacionalidades y disciplinas. Aunque se investiga en diferentes campos -Literatura, Historia, Historia del Arte, Historia del Derecho, Historia de la Ciencia y Filosofía- actualmente el centro tiene como prioritaria la publicación de la edición crítica de las obras completas de Gaspar Melchor de Jovellanos, de la que se acaba de publicar el tomo noveno de un total de 13 libros. Asimismo, está preparando la edición crítica de las obras completas de Benito Jerónimo Feijoo.

La prensa, difusora de las ideas de la Ilustración

Esta filóloga navarra ha realizado varias investigaciones sobre la prensa del siglo XVIII. Afirma que fue un "elemento fundamental para difundir las ideas de la Ilustración", y destaca el ingenio que demostraban los periodistas para poder sortear las dificultades y limitaciones que imponía la censura.
"Tenían un gran espíritu crítico y buscaban las más enrevesadas estrategias para decir sin decir, para poder hablar con libertad y, al mismo tiempo, evitar tener problemas serios con la censura y la Inquisición".

Aunque las condiciones de precariedad y dificultad en las que se trabajaba no dejaban mucho tiempo para cuidar el estilo, Inmaculada Urzainqui sostiene que, en general, están bien escritos. "En el siglo XVIII la formación de cualquier español medianamente culto era muy superior a la que hoy tenemos cualquiera de nosotros, porque se daba mucha importancia a la educación humanista, con conocimientos de retórica, poética, con amplias lecturas de autores clásicos. Y esto hacía que, a la hora de escribir, cualquier autor del XVIII tuviese un bagaje y una capacidad expresiva muy superior a la que hoy tenemos. Así nos encontramos con extraordinarias plumas que tienen una gran capacidad expresiva, especialmente en los textos de carácter crítico".

Esto no evita que hubiese otros periódicos "más torpes", del mismo modo que ocurre en el periodismo actual. "En los periódicos de hoy en día es cierto que se cometen muchas incorrecciones, pero también hay que reconocer que en la prensa española están escribiendo los mejores ensayistas del momento.

Cuando uno lee un artículo de Juan José Millás o de Manuel Vicent se da cuenta de que escriben magníficamente y de que se aprende literatura leyendo sus artículos. Quizás en otras informaciones se cometen más incorrecciones, pero no hay que alarmarse por las deficiencias que hay en la prensa, porque fallos se dan en todos los campos. En mi opinión, hay más incorrecciones en el lenguaje que emplean los políticos en sus discursos que los que hay en la prensa".

Por otra parte, la directora del Instituto Feijoo alude a la sintonía que en el siglo XVIII hubo entre Periodismo e Historia. "Los periodistas de aquella época tuvieron muy clara la conciencia de que hacer periodismo era hacer la historia del tiempo presente, y tenían la convicción de que, a través del periódico, los hombres del futuro podrían saber lo que había sido la realidad del momento. Este es el motivo por el que muchos periódicos incluyen artículos de carácter histórico y, por eso, cuando nos referimos a estos periódicos, podemos hablar de historia literaria".

Gran conocedora de la Historia y la prensa española en el siglo XVIII, reconoce que, aunque la historia está basada en documentos y datos más o menos objetivos, al hacerla relato para poder transmitirla, "esa narración queda teñida del pensamiento de quien la hace, de su método. Por eso es importante saber a quién estamos leyendo".

En este sentido, indica que, aunque los historiadores tienen que aspirar a transmitir información objetiva, "la Historia pura es imposible porque para dar sentido a los hechos siempre tiene que haber interpretación, y aunque se intente conseguir un relato que refleje la verdad de los hechos que ocurrieron, es imposible desligarse del propio pensamiento y sentimiento. Por eso es bueno contrastar distintas historias sobre el mismo hecho, saber que hay voces y pensamientos muy diferentes. Lo mismo sucede con los periódicos. Cuando uno quiere saber lo que está pasando no se limita a un solo medio de comunicación. Si se quiere tener una visión completa hay que leer varios periódicos y siempre teniendo muy presente la línea editorial que hay detrás".

El progreso pasa por conocer el pasado

En los últimos años se ha hablado de tiempos de incertidumbre y de momento crítico para la Historia, y para superar esta situación Inmaculada Urzainqui cree que el historiador debe afrontar nuevos desafíos. "El primero es recuperar de nuevo el interés por la Historia. La cultura del siglo XVIII fue la primera que tuvo la convicción de que para avanzar en cualquier terreno hay que saber antes lo que ha ocurrido. El progreso tiene que hacerse siempre a partir del conocimiento del pasado. Por eso el siglo XVIII generó un desarrollo historiográfico admirable y un pensamiento comprometido con el pasado".

Lamenta que actualmente haya una pérdida del sentido histórico, lo cual a su juicio es un signo de posmodernidad. "A veces lo veo en los propios alumnos, que les da igual un siglo que otro, no sitúan bien a los personajes, demostrando una falta de vertebración histórica del conocimiento. Esto impide tener una concepción clara de lo que es el hombre en sí mismo, de lo que ha sido y de lo que puede ser en el futuro. Por eso es urgentísimo recuperar el sentido histórico".

La directora del Instituto Feijoo, quien suscribe plenamente la definición que Fernando Bouza hace de la Historia como "un arte de la memoria", se muestra convencida del difícil papel que van a tener los historiadores en el futuro por la abundancia de material, tanto que el ciudadano de la actual sociedad de la información tiene que seleccionar y cribarla.

Por otro lado, Inmaculada Urzainqui califica de "estéril" el debate sobre la derrota de la Historia en favor de la Información. "No son excluyentes ni una ni otra. Prescindir del pasado es prescindir del ser de uno. Lo sensato es fundir las dos matrices intelectuales. El hombre es un ser histórico, no podrá nunca abdicar de su condición y, por lo tanto, cómo no va a querer conocer su pasado".