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Martes 27 de diciembre de 2005 [Institucional]

El edificio de acceso a las instalaciones deportivas de la Universidad Pública de Navarra, VIII Premio de Arquitectura de Ladrillo para arquitectos noveles

Es obra de los arquitectos pamploneses Javier Larraz Andía y Sergio Carrera Murillo

zoomSergio Carrera Murillo (izda.) y Javier Larraz Andía (dcha.), delante del edificio premiado

Sergio Carrera Murillo (izda.) y Javier Larraz Andía (dcha.), delante del edificio premiado

El edificio de control y acceso a las instalaciones deportivas de la Universidad Pública de Navarra es la obra por la que Javier Larraz Andía y Sergio Carrera Murillo han obtenido el VIII Premio de Arquitectura de Ladrillo 2003-2005 para arquitectos noveles, que otorga la Asociación Española de Fabricantes de Ladrillos y Tejas de Arcilla Cocida (Hispalyt). Los arquitectos, ambos pamploneses de 35 años de edad, recibieron el premio en un acto que tuvo lugar recientemente en Madrid.

El jurado del Premio, integrado por los arquitectos Alfonso Soldevila, Rafael de la Hoz Castanys y Enrique Sanz Neira, este último director de la revista Conarquitectura, seleccionó la obra premiada de entre las cuarenta que se presentaron al certamen, cuyo primer premio correspondió a la rehabilitación de las Escuelas Pías de Madrid, llevada a cabo por José Ignacio Linazasoro Rodríguez.

Un "edificio puerta"

El edificio premiado, situado en el campus de Arrosadía, delante del Pabellón Universitario de Navarra, es el resultado de materializar la propuesta ganadora del concurso de proyectos convocado por la Universidad Pública de Navarra en 2004 para edificar el nuevo centro de control y acceso a sus instalaciones deportivas.

Su concepción está basada en la idea de "edificio puerta" y asume simultáneamente el papel de representación derivado de su ubicación. Los arquitectos Larraz y Carrera plantearon un volumen sencillo, capaz de transmitir dicha idea de manera clara y rotunda, mediante un desarrollo marcadamente horizontal en una única planta, combinando pocos elementos de carácter abstracto que otorgan a la composición una escala acorde con la de su entorno.

Una gran puerta de ladrillo protege un segundo volumen más liviano en su interior. Ambos cuerpos son atravesados por un único vacío, que genera el acceso al interior del edificio y las instalaciones deportivas. Gracias al generoso desarrollo de fachada respecto de la superficie de la planta, se consigue inundar de luz natural todo el espacio interior, de uso administrativo. Esta iluminación se regula mediante un sistema de control solar formado por lamas móviles.

Respecto a la organización interior del edificio, los arquitectos han buscado un máximo aprovechamiento del espacio, para lo que han reducido, en la medida de lo posible, la aparición de superficies de circulación. El edificio tiene una configuración lineal, con un eje central de distribución que comunica con los despachos por el lado este, y con el área de administración y sala de reuniones por el lado oeste.

Por otro lado, las partes "ciegas" del programa, correspondientes a los almacenes y área de instalaciones, se sitúan en ambos extremos del edificio, buscando reforzar mediante esta disposición lateral de los cuerpos opacos el carácter de arco o umbral del volumen planteado.

Con este edificio, los arquitectos han pretendido facilitar la máxima flexibilidad de uso, mediante la disposición de una estructura ordenada y modulada y la realización de todas las particiones interiores con sistemas de construcción en seco, fácilmente modificables en un futuro.